Lunático y los Merodeadores

Por: Carmela Ceresuela Beltran

Remus John Lupin corría de noche por el Bosque Prohibido, aparentemente transformado, pero todavía con conciencia humana, cuando un enorme perro negro surgió de entre la espesura del bosque ladrando de forma estridente, mientras intentaba morderle. De pronto se oyó un ruido de cascos, y un hermoso ciervo inclinó la cornamenta, como si fuese a atacar, y sin parar de correr atestó una fuerte cornada que empujó al licántropo al suelo, donde pudo ver a una pequeña rata gris, que aplaudía con entusiasmo agitando sus pequeñas patitas y gritaba con voz chillona:

– ¡Muy bien James, así se hace!

De pronto, la imagen del bosque desapareció, y Remus despertó horrorizado, con el recuerdo de la pesadilla aún grabado en su mente. Le dolía muchísimo la cabeza. Sirius lo miró con preocupación y dijo:

-Remus, ¿estás bien? Parece que te acabas de transformar; estás pálido.

-No pasa nada Canuto, sólo ha sido una pesadilla… sí, era sólo era un sueño…- el pobre hombre lobo lo decía más para convencerse a sí mismo que para responder a Sirius, el cual frunció el entrecejo y abrió la boca para replicar, pero al final decidió callarse. Remus se puso de pie, porque acababa de darse cuenta de que durante su pesadilla se había caído de la cama.

Alzó la vista, y de pronto lo entendió todo; la sensación de los arañazos y mordiscos provocados por Canuto en su sueño (un escalofrío recorrió su cuerpo cuando lo recordó) lo había provocado el roce de la esquina del baúl de James, que cada día estaba en un sitio distinto. La cornada fue en realidad una almohada con un hechizo de aumento de peso, que en teoría tenía que acabar en la cabeza de Peter. Y los gritos de Colagusano los provocó la repetición de una magnífica jugada de James con la snicht dorada, que siempre llevaba en su bolsillo, como si fuera un talismán.

El licántropo respiró aliviado e intentando vaciar el recuerdo de su mente, se dirigió hacia su baúl en busca de su túnica. Por el camino pasó al lado de la cama de Sirius, encima de la cual yacía el espejo con el que se comunicaban Canuto y Cornamenta cuando estaban castigados. Sonrió al recordar su último castigo, del cual él había sido partícipe y dirigió su mirada hacia el espejo. Al punto la retiró, horrorizado. Se había visto a sí mismo, con unas profundas ojeras, la cara extrañamente pálida y el pelo revuelto. Realmente parecía que había tenido una transformación reciente.

Estaban todos ataviados con las túnicas y preparados para bajar al Gran Comedor, cuando Lupin le echó una ojeada al calendario lunar que estaba colgado encima de su cama. Todavía faltaban dos semanas para el plenilunio, no había nada de lo que preocuparse respecto a su transformación. No entendía a que se debía aquella pesadilla.

Bajaron al Gran Comedor a desayunar. Todos los merodeadores menos uno mantenían una agradable conversación sobre el último partido de quidditch de la temporada: Gryffindor versus Slytherin. Gryffindor había ganado 170 a 90 y los de Slytherin estaban muy enfadados por ello. Sirius se dio cuenta de que al licántropo le pasaba algo, porque parecía extrañamente ausente. Decidió que tendría que hablar con él para sacarlo de su trance.

Después de un desayuno con un Lunático muy distraído y poco hambriento (lo cual era muy extraño), Canuto decidió que tenía que tomar cartas del asunto rápidamente. Habló con James sobre ello:

-Cornamenta, ¿Tú no ves a Remus un poco raro?- preguntó Sirius

-¿Lo dices por la cara o por el comportamiento? Porque no sé que es peor de las dos cosas…-dijo James con preocupación- Ya me he dado cuenta de cómo está, pero hasta dentro de unas dos semanas no tiene transformación y, su pequeño problema peludo no le quita las ganas de comer; sino más bien lo contrario.

– Deberíamos hablar con él ¿no?- sugirió Sirius- así aclararemos dudas

-Creo que es una de las mejores ideas que has tenido en años, amigo Canuto- respondió el chico sonriente.

-¿Y cuál es la mejor de todas?- inquirió Sirius con curiosidad.

-Ser mi amigo, por supuesto- bromeó James. Sirius le dio una buena colleja, también en broma, y juntos se dirigieron hacia Remus, que estaba recogiendo sus cosas para la clase de Encantamientos (que empezaba en un cuarto de hora) mientras Peter Pettigrew ojeaba el ejemplar de El Profeta de James con mucha atención, seguramente buscando alguna huella del dedo de su ídolo, el cual, al verlo, no pudo evitar sonreír con suficiencia.

-Lunático, ¿podemos hablar contigo un momentito?- preguntó Sirius, y al ver como Peter levantaba la vista añadió: -A solas.

El licántropo gruñó por lo bajo en señal de asentimiento, y unas chicas de Ravenclaw que pasaban por detrás de él dieron un gritito sobresaltadas y se fueron andando apresuradamente murmurando improperios contra “el chico ése que gruñe como si fuera un perro”

Canuto rió entre dientes y se fueron con su mejor amigo a un sitio donde pudieran hablar tranquilamente.

-Escucha Lunático, -empezó Sirius- Antes de que te despertaras, estabas moviéndote en sueños, (sólo yo me di cuenta) y no quise despertarte por miedo a tu reacción. James te tiró la almohada sin querer, lo que te hizo caer al suelo, sin embargo tú no te despertaste y yo me empecé a preocupar de verdad. Cuando por fin habías dejado de agitarte, te empezaste a poner blanco y justo cuando yo estaba a punto de despertarte, abriste mucho los ojos, como si hubieras tenido una pesadilla.- Canuto respiró hondo y añadió -lo demás ya lo sabes.- Lupin parecía totalmente perdido y confuso, y su palidez se incrementó aún más. Se estaba empezando a parecer a una estatua de mármol blanco.

-Remus -dijo de pronto James- Si te pregunto una algo ¿Me responderás con sinceridad? -Lunático asintió- ¿Qué has soñado exactamente? Y cuéntalo con todos los detalles, por favor. –pidió. El hombre lobo relató su sueño, al principio visiblemente incómodo y después más relajado. Sirius y James se miraron y sonrieron.

-Escucha- dijo Sirius, cogiéndole por los hombros y mirándole a los ojos. El licántropo había dado un estirón considerable el último verano, y en ese momento era el más alto de los cuatro Merodeadores, de modo que Sirius tenía que alzar la vista para mirarle directamente. Los ojos castaños de Sirius se cruzaron con los azules de Remus, y como buenos amigos que eran, se sonrieron- ¿De verdad crees que James o yo (no puedo hablar por Colagusano, pero seguro que él está de acuerdo con nosotros) te dejaríamos colgado o nos volveríamos contra ti? ¿De verdad lo crees?

-Supongo que no, pero…

-¿Supones? ¿Supones? – interrumpió James- Mira Lunático, en todos estos años que hemos estado contigo, ¡¿Nunca te has dado cuenta que eres imprescindible, como todos y cada uno de los Merodeadores?!

-Hombre, lo que se dice imprescindible…bueno, quiero decir… imprescindible…no sé… -Sirius y James se volvieron a mirar y los dos pusieron los ojos en blanco. Cornamenta dijo, no sin cierta ironía en la voz: -Vamos a ver, ¿qué has hecho tú por nosotros? Casi nada: Contarnos tu pequeño problema peludo, demostrando con ello que confías en nosotros, advertirnos sobre cómo tratar a los profesores, reprimirnos cada vez que nos pasamos de la ralla…

-Animarnos cuando lo necesitamos, no chivarte de nuestras trastadas cuando te convirtieron en prefecto el año pasado,-continuó Canuto- avisarnos cuando viene un profesor y estamos haciendo algo malo… ¿Sigo? Porque es muy poco ¿no? – dijo con el mismo tono que James había empleado. Los tres Merodeadores se sonrieron. La palidez de Lunático había descendido notablemente, y ahora una radiante sonrisa se dibujaba en su rostro cansado. Una sonrisa sincera, que expresaba la gratitud que sentía hacia sus amigos. Aquella fue una de las pocas sonrisas realmente felices que Remus John Lupin dibujaría en su rostro durante el resto de su vida.

Ese mismo día, los cuatro Merodeadores se hicieron una foto con la vieja cámara mágica que le habían prestado a James. Años después, Harry Potter encontró dicha fotografía en la habitación de su padrino Sirius, en la casa de los Black. Lo que él no sabía es que esa misma foto también estaba colgada en los cuartos de todos los Merodeadores, como símbolo de su amistad.

[NOTA: Yo siempre me he imaginado a Remus como el más alto de los Merodeadores, con los ojos azules y el pelo un poco más largo de lo normal. Como es mi imaginación, y también mi fanfic, no pienso cambiar estos dos detalles sólo porque no coincida con vuestra imagen de Remus Lupin. Por lo demás, siempre estoy abierta a sugerencias.]

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